Cuando se aproxima el 14 de febrero, cada año ocurre lo mismo. Existen personas que lo aguardan con entusiasmo… y otras que lo desestiman como una fecha artificial, comercial y sin razón de ser.
Flores de última hora.
Reservaciones inalcanzables.
Obsequios adquiridos por obligación.
Y surge entonces la pregunta ineludible: ¿Es San Valentín verdaderamente una costumbre vacía… o estamos malinterpretando su origen? Curiosamente, la respuesta no está relacionada en absoluto con el marketing. Tiene que ver con la memoria colectiva, la rebeldía y algo mucho más humano: el deber de rendir homenaje al amor.
No. En realidad, su procedencia está muy lejos de los descuentos y las vitrinas.
De acuerdo con los archivos históricos que la Enciclopedia Británica ha documentado, la festividad tiene sus orígenes en la Antigua Roma, cuando gobernaba Claudio II, aproximadamente en el año 269 d.C. Claudio pensaba que los soldados sin pareja eran más fuertes y disciplinados, así que prohibió a los jóvenes casarse. La lógica era sencilla: los guerreros eran mejores cuando tenían menos lazos emocionales. Sin embargo, un sacerdote llamado Valentín optó por desobedecer. Continuó casando parejas en secreto. Realizaba matrimonios secretos. Abogaba por la libertad de amar. Fue apresado y ejecutado el 14 de febrero, tras ser descubierto.
Desde el principio, San Valentín no tenía que ver con regalos. Hablaba de algo mucho más poderoso: amar como un acto de valentía.
Ya que las sociedades requieren rituales. Esto no es una opinión romántica, sino un hecho de la antropología. El antropólogo Victor Turner, uno de los más relevantes teóricos en la investigación de rituales sociales, argumentaba que estos no son «decoraciones culturales», sino sistemas que:
-Fortalecen las relaciones.
-Establecen identidad.
-Potencian el sentimiento de pertenencia.
-y señalan lo que verdaderamente es importante
O sea: Los rituales nos hacen recordar quiénes somos como grupo.
Los matrimonios.
Los aniversarios.
Las salutaciones de despedida.
Las conmemoraciones.
San Valentín opera de la misma manera.Es una advertencia conjunta para detener la rutina y expresar: “Esto merece ser cuidado”.
Sí. Y aquí es donde la ciencia se involucra en el diálogo. El Harvard Study of Adult Development, la investigación más prolongada acerca de la felicidad humana, con más de ochenta años de seguimiento, obtuvo un resultado rotundo: La calidad de nuestras relaciones es la principal variable predictora de bienestar y longevidad, incluso más que el dinero, el éxito en el trabajo o la fama. No se trata de tener más cosas. No es trabajar más duro. Es sentir que estamos conectados.
Y un aspecto fundamental: “Tener pareja” no es suficiente.
Las relaciones que se mantienen activamente son las que mejor funcionan. Celebrar no es un asunto trivial. Se trata de un método práctico para cuidar las emociones.
La época más comunicada de la historia es la que estamos viviendo… Y, de manera paradójica, una de las más distraídas.
Mensajes permanentes. Trabajo a distancia. Pantallas todo el día. Rutinas aceleradas.
No siempre estamos presentes, aunque pasamos tiempo juntos. Y el amor, si no se cuida, se desdibuja.
No por carencia de sentimiento. Sino por ausencia de intención. Es ahí donde fechas como la de San Valentín adquieren significado. No como deber. Sino como una interrupción.
Como justificación válida para:
-Verse a los ojos
-Platicar sin apuro
-Rememorar los motivos por los cuales fueron seleccionados
-Formar una nueva memoria.
Porque el amor no puede mantenerse solo. Se honra.
Sí, San Valentín se volvió comercial con el tiempo. Eso es ineludible en cualquier cultura. Asimismo, la Navidad. Las bodas igualmente. Los cumpleaños también. No obstante, que haya comercio en torno a una fecha no disminuye su significado.
La fecha no es el problema. El problema ocurre cuando perdemos de vista su propósito. Un presente sin reflexión se percibe vacío.Una experiencia con propósito se convierte en memoria. El precio jamás ha sido la diferencia. El sentido siempre ha sido.
Quizás no como un deber social. Como una oportunidad consciente, en cambio. Un aviso anual que dice: «Detente. Observa a la persona que está frente a ti. Expresa gratitud. Alégrate. Escoge de nuevo.”
No requieres de fuegos artificiales. Ni gestos desmesurados. En ocasiones, basta con crear un momento en el que la percepción del tiempo cambie. Ya que, al final de cuentas, lo que nos queda en la memoria de una relación no son los días ordinarios…son los instantes que se sintieron únicos.
En Volo Papilio pensamos que conmemorar el amor no es simplemente continuar una tradición. Es crear rituales que tengan un significado. Experiencias que no dan la impresión de ser improvisadas. Instantes que no se olvidan al día siguiente. Lugares donde el tiempo se detiene lo bastante para volver a reconectar. Debido a que el amor no se expresa por inercia. Se demuestra con propósito. Y eso, como hace siglos, continúa siendo un acto de valentía. Cuando se hace de manera correcta, provocar amor, nunca se vuelve anticuado.
Provocar Amor es un Arte – Since 2017
Convertimos emociones en rituales, Joyas en secretos, Amor en arte.
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