En la época actual, todo se sustituye rápidamente.
Elementos. Empleos. Usos. Humano.
Si algo falla, lo cambiamos. Si algo resulta incómodo, lo desechamos.
Si algo requiere esfuerzo, buscamos una versión diferente.
Sin que nos demos cuenta, esa lógica también se ha introducido en nuestras relaciones.
Y así es como decimos expresiones tales como: «El amor ha terminado.» «Ya no es igual.» «Simplemente se apagó.»
Pero tal vez el amor no se extinguió. Quizá nunca nos enseñaron cómo cuidarlo.
Existe una creencia muy romántica —y muy peligrosa—:
que el amor verdadero debería fluir solo.
Que si es “la persona correcta”, todo será natural, fácil, automático.
Pero la psicología contemporánea contradice por completo esa idea.
El Harvard Study of Adult Development, la investigación más larga sobre bienestar humano —con más de 80 años siguiendo la vida de cientos de personas— llegó a una conclusión contundente:
La calidad de nuestras relaciones cercanas es el predictor más importante de felicidad y salud a largo plazo, por encima del dinero, la fama o el éxito profesional.
Pero hay un detalle clave:
no habla de relaciones intensas.
Habla de relaciones cuidadas.
El amor no sobrevive por destino.
Sobrevive por mantenimiento.
El amor rara vez se extingue de manera abrupta.
No se quiebra en una sola conversación.
No desaparece en una única crisis.
La erosión es un proceso lento.
Se va cuando:
No es tragedia.
Es un desgaste diario.
John Gottman, una de las figuras más destacadas en el estudio de las relaciones de pareja, identificó que el 69% de los conflictos dentro de una relación son persistentes. En otras palabras, no se «solucionan».
Por lo tanto, las parejas que perduran no son aquellas sin conflictos.
Son las que logran mantener el vínculo a pesar de ellos.
Y eso conlleva intención.
Al observar parejas que han estado juntas durante 10, 20 o 40 años, te das cuenta de algo intrigante: no son inmejorables. Pero sí tienen conciencia.
Aunque no siempre las llamen así, tienen prácticas muy definidas. Ritualizan la relación. Conmemoran momentos significativos. Se paran para reconectarse. Producen entornos en los que el mundo exterior se desvanece. No aguardan a que algo esté mal para protegerse.
Incluso la antropología lo apoya. Victor Turner, el investigador, argumentaba que los rituales refuerzan las conexiones humanas al proporcionar un significado emocional al tiempo que se pasa juntos.
Y eso es precisamente lo que las celebraciones realizan: señalan el paso del tiempo. Generan memoria. Se le dice al cerebro: esto es importante.
Una celebración de aniversario. Una escapatoria. Una cena planificada. Una acción simbólica.
No son «detalles melosos». Son anclajes emocionales.
Hay otro mito: que festejar el amor es un lujo.
Sin embargo, en verdad, es un instrumento psicológico.
Daniel Kahneman, galardonado con el Premio Nobel, aclaró que nuestra memoria no almacena experiencias en su totalidad. Nos acordamos sobre todo de dos cosas:
Esto se llama la regla del pico y el final. En otras palabras: nuestra relación se fundamenta en momentos que tienen un significado.
Si no generamos esas cúspides emocionales, todo se vuelve plano. Costumbre. Labor.Pendientes. Celebrar interrumpe esa inercia. Detiene el tiempo. Nos devuelve la atención. Nos hace recordar por qué iniciamos. Festejar no es huir de la realidad.
Es transformar el sentido de la relación. Y eso lo transforma todo.
Quizá el problema nunca fue que el amor se acabara. Quizá el problema fue creer que se mantenía solo.
El amor no es una chispa eterna.
Es más parecido a un jardín. Si no lo riegas, no grita.
Simplemente se seca.
Las relaciones que duran no dependen de grandes gestos constantes.
Dependen de pequeñas decisiones repetidas:
mirar
escuchar
agradecer
celebrar
elegirse otra vez
Porque al final, cuidar el amor es una forma de decir:
“Esto importa.”
“Nos importamos.”
En Volo Papilio creemos profundamente en esa idea.
No vemos las celebraciones como eventos, sino como rituales.
Momentos diseñados para que las parejas se detengan, se miren y recuerden por qué se eligieron.
Porque el amor no se da por hecho. Se honra.
Y cuidar el amor, cuando se hace con intención, también es un arte. Provocarlo… aún más.
Provocar Amor es un Arte – Since 2017
Convertimos emociones en rituales, Joyas en secretos, Amor en arte.
Provocar Amor es un Arte
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